Pancho, el elegante de Cárdenas cumple 80
Este 20 de septiembre, Francisco «Pancho» Soriano cumple 80 años. Nació en Cárdenas, Matanzas, en 1946, y desde muy niño aprendió béisbol en el terreno y lo contó desde la cabina.
Hoy vive en la ciudad de Matanzas, muy cerca de Radio 26, la emisora que lo formó como profesional. Jugador, anotador, director de equipos, historiador y conocedor de más de una decena de deportes, su voz y su magisterio han marcado a generaciones de matanceros y cubanos.
DE CÁRDENAS AL MUNDO
Pancho nació en Cárdenas en 1946. Siendo un niño, en el barrio de Pueblo Nuevo, jugaba en un equipo llamado Fidel, el único en Cuba con ese nombre. A alguien se le ocurrió escribirle a Celia Sánchez para pedirle los uniformes. La respuesta llegó más rápido de lo esperado: Celia envió uniformes, guantes, pelotas y todo lo que pudo. Aquel gesto marcó para siempre la memoria de esos niños.

Aquel pequeño ya jugaba en el colegio presbiteriano La Progresiva, en menores de 13 años, y representaba al colegio en La Habana y en competencias Little League intercolegiales de Cuba. Llegó a jugar con el equipo Henequenero juvenil y fue jugador de los Juegos Nacionales Escolares.
Cuenta con orgullo que en 1965, en Santa María del Mar, se apareció Fidel y quiso jugar y pitchear en el equipo de Pancho, de la Unidad Militar 1700, que dirigía Vilo Acuña. Dividieron los equipos, se formó un juego improvisado y ganaron 7 por 5.
RADIO CIUDAD BANDERA: LA ESCUELA
Radio Ciudad Bandera fue donde dio sus primeros pasos. Comenzó a estudiar en la Universidad de La Habana y consiguió por cinco años consecutivos la condición de Vanguardia Nacional como corresponsal deportivo. Eso le posibilitó entrar a los micrófonos de Radio Ciudad Bandera y se evaluó como narrador deportivo y locutor en las primeras evaluaciones del Instituto Cubano de Radio.
Al marcharse Ricardo Medina a trabajar a Matanzas, Pancho quedó en Radio Ciudad Bandera. Allí narró pelota. Fue locutor de noticieros, programas campesinos, obras dramáticas. Al ser una emisora municipal, era una escuela: «hay que hacer de todo», decía.
Antes trabajaba en la Empresa Valdés Reyes, donde se hizo técnico y tornero de mantenimiento. De allí iba en bicicleta a hacer un programa voluntario que se llamaba Palco Deportivo, el cual le valió mucho para entrar a la emisora.
LA PRIMERA VEZ ANTE EL MICRÓFONO
Sonríe al recordar la primera vez que se enfrentó a los micrófonos. Un día, en el Pablo Avelino, estaban transmitiendo la Serie Provincial y Ricardo Medina y Agilio Rodríguez hablaron con Pancho porque en Radio 26 estaban buscando voces jóvenes narradoras. Cuando aquello era manager de la selección papelera, un equipo de una Serie Provincial, y tenían su mesita cerca del banco. Entre inning e inning, Pancho observaba al anotador vestido de pelotero. La cosa le salió bien y lo captaron para Radio 26. Después lo evaluaron.
La experiencia de tener por primera vez un micrófono delante: «tiemblan los pies, las manos», aunque no le pasó mucho, pues tenía cierto bagaje en el deporte: jugar pelota, jugar bajo presión.
RADIO 26: LA FORMACIÓN PROFESIONAL
Agradece las enseñanzas como profesional a Manolo García y David Segura desde que llegó a trabajar a Radio 26. Pancho se tuvo que evaluar de redactor de noticias, locutor y comentarista deportivo.
Opina que es incorrecto que narren pelota solo por quererlo, pues narrar pelota, ser periodista o locutor es un arte. Hay que tener vocación, entrega. Por eso hay que captar a quien verdaderamente tenga las condiciones.
En sentido general, opina que su llegada a Radio 26 constituyó su inicio a una formación profesional diferente a nivel nacional. Pudo narrar con Eddy Martin, Bobby Salamanca y los grandes narradores del momento.

NARRADOR INTERNACIONAL
Narró en España en 1991. En Venezuela estuvo un mes en un intercambio con los profesionales cubanos que trabajaron ahí. Narró los Centroamericanos y del Caribe en República Dominicana en 2006. Hasta que en 2008 llega a China y se preparó.
En China fueron los Juegos Olímpicos: narró varios deportes, entre ellos remo, canotaje, atletismo, baloncesto, softball y levantamiento de pesas, también la discusión de la medalla de oro entre España y Estados Unidos del baloncesto, con un gran narrador como Luis Izquierdo, de Radio Rebelde. Igualmente narró la medalla de oro del softball entre Japón y Estados Unidos, en la rama femenina.
Para ir a China tuvo que prepararse como cuando iba a un juego de pelota, para no hacer chapucerías. Hay que respetar al oyente y hay que dominar quién está en el primer lugar, quién es el líder de los variadores, quién es el que más hits da.
EL RESPETO AL OYENTE
Lo importante es narrar lo que hay que narrar, sin inflar globos, sino describir con el respeto que merece el oyente. A veces se transmite para dos provincias y es feo, ilógico y falta de delicadeza alabar más a tu equipo que al contrario. Hay que tener presente el respeto al oyente y al que ve por televisión. Hay que ser imparcial en la narración.
EL SALÓN DE LA FAMA Y LA HISTORIA
La llegada al Salón de la Fama es otro de los méritos que le ha tocado, gracias a muchos compañeros como Santana, que fue uno de los que hizo que trabajara con él. José Manuel, destacada figura de Cárdenas y dirigente juvenil, y atletas de calidad, comenzaron a trabajar en la historia del béisbol.
Hasta que llegaron a los logros de Palmar de Junco, Monumento Nacional, la instalación más antigua donde se juega pelota en el mundo. Para Pancho es un estímulo extraordinario estar retratado en aquel salón, con esas glorias tan grandes del deporte cubano como Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez, Orestes Muñoz, Silvio García, y peloteros más recientes que jugaron Grandes Ligas como Tony Taylor o Edmundo Amorós.
EL JONRÓN 400 DE LÁZARO JUNCO
Recuerda el juego donde Lázaro Junco conectó el jonrón número 400. Lo narraba Jorge Arturo Castellanos, Pancho lo comentaba. Durante esa subserie, que se jugó contra Isla de la Juventud, la televisión nacional puso una cámara en el terreno, pues aún no había Telecentro en Matanzas, en aquella época, y por eso traen la cámara de La Habana. Lo estimuló, pues era el primer cubano en dar 400 jonrones en cualquier tipo de pelota. Un hombre que se lo merecía. Fue un amigo, un atleta de calidad, sincero, no fue engreído ni jactancioso. Recuerda que fue a las 6:53 p.m. Lo tiene guardadito para la historia.

SUS DISCÍPULOS
Muchos jóvenes han narrado con él. Les ha dado clases en la universidad, como Guillermo Rodríguez Hidalgo Gato, que también comenzó con Pancho y hoy brilla como periodista. Y más que todo, no puede dejar de nombrar a Dayron Medina Díaz. Para él es uno de los mejores narradores que hay en Cuba, aunque no se le haya reconocido como merece. «Ojalá lo reconozcan», nos dice en la entrevista.
LA VOZ DE LOS COLEGAS
José Manuel Yong Leal, coordinador del Comité Electoral del Salón de la Fama Palmar de Junco: «Es un privilegio conocerlo. Es elegante por su ética, su humildad y su andar pausado. Es un hombre de inteligencia extraordinaria. Aprendí mucho de él, escuchándolo. Es un profesional consagrado que estudió en difíciles condiciones. Es de los ilustres de verdad. Es un hombre de la Revolución».
Alfredo Lauro Santana Alonso, historiador del béisbol cubano, lo conoció en los años 70 a través de Radio 26. En 1989 o 1990 se conocen formalmente: al salir del estadio Victoria de Girón, Pancho se le acercó y le planteó la idea de fundar el Salón de la Fama en el Palmar de Junco. «Es implacable en ese aspecto: debemos comunicar la veracidad de las cosas, lo demostrable», dice Santana. «Es el amigo de la vejez, de la edad madura».
Dayron Medina, comunicador, locutor y comentarista deportivo, lo conoció de niño: era un gran admirador desde las gradas. «Ha sido un honor formarse junto a Pancho. Tiene una gran influencia en todo. No puedo hablar de mi relación profesional sin mencionarlo. Destaco su inquietud constante por enriquecer la transmisión, la preparación y la utilización de las estadísticas».
Odalys Oriol Miranda Suárez, directora de Radio 26, lo conoce desde hace 14 años y trabajan juntos. «Pancho es jovial, afable y cordial. Es un profesional respetado. Es justo que su obra se visibilice y sea reconocida. Por eso se propuso para el Premio Nacional de Periodismo Deportivo hace dos años, como propuesta de la emisora provincial Radio 26. Es un excelente compañero, muy querido por todos, siempre presto a ayudar. Es un privilegio tenerlo. Llegar a sus 80 años es un desafío a la vida. Que llegue lúcido, con una vida reconocida en el deporte nacional, escribiendo libros, es motivo de admiración. Es de buen tino que todas las generaciones le canten felicidades».




EL AMOR DE SU VIDA
Raquel Lozano Hernández comparte su vida con Pancho desde hace 26 años. Comparten además la fe, y juntos han constituido una familia. Según ella, comparten todo. Admira su trabajo, ya lo admiraba antes de ser su esposa. Su amor nació en la Radio: ella trabajaba en el técnico y él de narrador deportivo. Siempre han estado juntos; solamente en sus giras nacionales e internacionales se han separado.
Pero afirma con mucho amor que «valía la pena esperar, pues es lo más grande que le ha sucedido». Le pide a Dios muchos años más y que no pierda los valores que ha tenido en su vida laboral. Estas palabras terminan con un tierno beso y un abrazo.



EL LEGADO
Pancho extraña estar en la cabina y sabe que aún puede hacerlo. Pero ya llevaba más de 40 años narrando pelota y cerca de 50 en la emisora. Pensó que era mejor una retirada a tiempo antes de fallar.
Recuerda muchos momentos bellos que le brindaron su familia: esposa, hija, nietos, amigos. Y el pueblo de Cárdenas, que fue capaz de hacerlo Hijo Ilustre de la ciudad. Es un reconocimiento como atleta, como trabajador, como ciudadano.
En Cuba hay una necesidad tremenda de que se ame y conozca el béisbol, su historia, porque es el deporte del pueblo, el deporte que llena los estadios. Pero no deja de amar el baloncesto, el atletismo, los deportes de combate. Aunque lo hayan rehuido un poco al boxeo, lo ha narrado, lo incluye en los Juegos Olímpicos.
Al finalizar la entrevista, Pancho agradece haber hablado con pasión sobre su vida. Recuerda las frases que decía en sus narraciones: «Otro más que mordió el polvo». Y aquella con la que cerraba: «Y así terminamos para toda Cuba y un poquito más allá, Pancho Soriano». (Por: Izet Morales Rodríguez y Raúl Navarro Fuentes/Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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