Septiembre Amarillo y la voluntad de ayudarnos
Septiembre Amarillo y la voluntad de ayudarnos
En el último pensamiento de Alfredo quizás estuvo la familia que perdió en aquel accidente, mientras iba al volante sobre una carretera mojada y sin reparar por mucho tiempo. Tal vez pensó en lo que pudo evitar aquella noche y la voluntad que no tuvo para sobrevivir y pedir ayuda un año después.
La soledad de Alfredo es una entre tantas soledades que se agolpan sin que siquiera una persona de nuestro entorno perciba que estamos tocando fondo.
Dicen que cuando tocamos fondo lo único que queda es subir. Sin embargo, hay un porciento de la población que jamás logra recuperarse y busca la peor salida de todas: el suicidio.
Este acto, condenado por muchos y lejano para la mayoría, sucede en más ocasiones de las que quisiéramos y es cometido por personas de disímiles orígenes sociales y edades.
Se conoce internacionalmente como «Septiembre Amarillo» la campaña para visibilizar este problema de salud pública; y el 10 de este mes se escogió para conmemorar el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, impulsado por la Organización Mundial de la Salud.

La campaña tiene como objetivo romper el estigma, fomentar el diálogo abierto sobre la salud mental, y recordar que la prevención es posible mediante el apoyo y la escucha.
Cada año, 800 000 personas se quitan la vida a nivel global y muchas más lo intentan. Un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), de septiembre de 2025, sitúa a las Américas como la única región del mundo donde no se registran descensos en este sentido.
Según los datos del estudio de la OPS, Cuba ocupa el séptimo lugar a nivel regional, con una tasa de 10,2 muertes por cada 100 000 habitantes. Le anteceden Guyana (40,8), Surinam (25,9), Uruguay (18,8), Estados Unidos (14,5), Haití (11,2) y Canadá (10,3).
Estos números demuestran que las personas que deciden terminar con su vida pueden estar más cerca de lo que creemos. Darnos cuenta de que alguien está dispuesto a ello es quizá la única forma de salvarlo.
¿Cómo ayudar? Primero, hablar del tema, eliminar el estigma alrededor del suicidio nos puede dar herramientas y conocimientos suficientes para identificar el fenómeno.
Las muertes por dicha causa y los intentos por perpetrarla tienen un efecto dominó que influye no solo en estas personas, sino también en las familias, las comunidades y las sociedades.
Quienes continuamos viviendo cargamos con pensamientos recurrentes: ¿pude evitarlo?, ¿por qué no me di cuenta de que estaba mal?, ¿fue mi culpa?
Entre los factores de riesgo asociados al suicidio se cuentan la pérdida laboral o financiera, trauma o abuso, trastornos mentales y uso de sustancias; además de las barreras para acceder a la atención médica.
Debemos tener presente que la depresión puede verse como una alegría desmedida, muchas risas, un cambio repentino de actitud. Entonces, piensas que está mejorando, bajas la guardia y ahí ocurre todo de golpe.
Una persona que decide terminar con su vida no es cobarde ni pecadora, es alguien que necesita ayuda, y puede ser tu hijo, un amigo, tu pareja, padres, hermanos o, simplemente, alguien a quien admiras.
La empatía, el acompañamiento y, sobre todo, informarse acerca del tema pueden realmente hacer la diferencia.
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